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El SAVA de FSC amplía su actividad en Barcelona y afianza su papel en la recuperación e inserción comunitaria

El servicio registró en 2025 un aumento de atenciones, una mayor extensión territorial de la demanda y la consolidación de su acompañamiento socioeducativo a personas con conductas adictivas

El Servicio de Acompañamiento a la Vida Autónoma (SAVA) de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) en la provincia de Barcelona afianzó durante 2025 su función en los procesos de recuperación e inserción comunitaria de personas con conductas adictivas. El recurso, financiado por el Departamento de Derechos Sociales e Inclusión de la Generalitat de Cataluña a través de la convocatoria ordinaria de subvenciones, registró un incremento en el número de atenciones, una evolución que confirma la tendencia de crecimiento progresivo observada en los últimos años y que sitúa la continuidad y estabilidad del programa como una necesidad dentro de la red de atención.

El objetivo del SAVA es facilitar la transición hacia una vida autónoma, consolidar ese proceso y favorecer el mayor nivel posible de inserción comunitaria entre las personas atendidas. Para ello, el servicio desarrolla un acompañamiento socioeducativo y emocional individualizado, en coordinación con la red de atención en drogodependencias y salud mental.

A lo largo de 2025, el aumento de personas atendidas y la ampliación territorial de la demanda obligaron a introducir ajustes organizativos en el funcionamiento del programa. Esta evolución consolida al SAVA como un dispositivo relevante en la fase final de los procesos de autonomía vinculados al tratamiento de las adicciones, al tiempo que refleja una incidencia creciente más allá de su ámbito territorial inicial.

En cuanto al perfil de las personas usuarias, se mantiene una mayoría masculina, aunque durante el último ejercicio se registró un incremento de mujeres respecto a años anteriores. Según recoge el análisis del servicio, muchas de ellas han atravesado situaciones de violencia, un aspecto que mantiene la necesidad de incorporar de forma estable la perspectiva de género en las intervenciones.

Las personas atendidas presentan, en general, trayectorias prolongadas de consumo y varios intentos previos de recuperación. A ello se suma la necesidad de un acompañamiento profesional durante la fase de desinstitucionalización, considerada especialmente sensible por el aumento del riesgo de recaída cuando no existe un apoyo continuado. También persiste una elevada complejidad diagnóstica en salud mental, una circunstancia que exige reforzar la coordinación con los recursos especializados y mantener un abordaje integral e interdisciplinar.

En el plano residencial, el servicio observa una evolución hacia una mayor autonomía habitacional. Cada vez son más las personas que viven solas, comparten vivienda o disponen de un domicilio propio, un factor que se considera protector para sostener la abstinencia y favorecer la integración comunitaria.

Pese a ello, continúa existiendo una situación de vulnerabilidad económica significativa entre las personas atendidas. Cerca del 40% no dispone de ingresos propios, una realidad que mantiene la necesidad de impulsar itinerarios de inserción sociolaboral y de facilitar el acceso o la regularización de prestaciones.

El balance de 2025 sitúa al SAVA en una fase de consolidación y crecimiento sostenido, tanto en volumen de atención como en el desarrollo de su metodología de intervención. Entre los principales retos identificados figuran la vulnerabilidad económica de las personas usuarias, la complejidad asociada a la salud mental y la baja presencia femenina en la fase final de los itinerarios terapéuticos.

De cara a 2026, el servicio prevé reforzar su estructura organizativa, consolidar la perspectiva de género en la intervención, profundizar la coordinación con la red de salud mental y seguir promoviendo la autonomía residencial y la inserción sociolaboral como ejes de los procesos de recuperación.

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