“Un espejo, dos reflejos”: una experiencia de FSC para prevenir recaídas y favorecer la reinserción socia
La Fundación Salud y Comunidad (FSC) ha presentado en el Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto una experiencia pionera que conecta el tratamiento residencial de adicciones con el ámbito penitenciario. Jordi Morillo, director de la Comunidad Terapéutica Can Coll, participó en el congreso con el workshop “Prevención de recaídas en el ámbito penitenciario”, donde dio a conocer los resultados del proyecto “Un espejo, dos reflejos”.
Esta iniciativa, impulsada por la Comunidad Terapéutica Can Coll de FSC y el Centro Penitenciario Lledoners, lleva años generando espacios de encuentro entre personas privadas de libertad por delitos relacionados con el tráfico de drogas y personas que se encuentran en tratamiento para superar una adicción. Su propósito es favorecer la reflexión, desmontar prejuicios y abrir nuevas posibilidades de cambio personal y social.
Un puente entre prisión y comunidad terapéutica
El proyecto “Un espejo, dos reflejos” nació en 2015 con una idea clara: acercar dos realidades que suelen mirarse desde la distancia, pero que están atravesadas por consecuencias comunes vinculadas a las drogas. Por un lado, personas que han sido condenadas por delitos relacionados con el tráfico de sustancias; por otro, personas que realizan un proceso terapéutico residencial para abandonar el consumo.
A través del diálogo directo entre ambos grupos, la iniciativa permite trabajar la prevención de recaídas en adicciones, la responsabilidad sobre los propios actos y la comprensión del impacto que tienen las decisiones personales en la vida de otras personas.
La experiencia también pone de manifiesto la necesidad de reforzar la coordinación entre los recursos penitenciarios y comunitarios, especialmente cuando el objetivo es avanzar hacia procesos de rehabilitación e inclusión social más humanos y eficaces.
Empatía como herramienta para el cambio
Uno de los elementos más valiosos del programa es el trabajo de la empatía. Las sesiones permiten que las personas participantes escuchen relatos, vivencias y consecuencias que muchas veces no habían podido imaginar desde su propia posición.
Las personas internas pueden comprender con mayor profundidad el daño que el tráfico de drogas provoca en quienes consumen y en sus entornos. Al mismo tiempo, las personas en tratamiento descubren que quienes están en prisión también cargan con historias de pérdida, dificultades familiares, dolor emocional y deseo de reconstruir sus vidas.
Este reconocimiento mutuo facilita una mirada menos estigmatizante y más responsable. El encuentro se convierte así en una herramienta terapéutica y socioeducativa que ayuda a revisar creencias, asumir consecuencias y fortalecer la motivación para el cambio.
Prevención de recaídas y reducción de la reincidencia
El programa aborda dos objetivos especialmente relevantes en el ámbito de las adicciones y la justicia penal: reducir las recaídas en el consumo de sustancias y disminuir la reincidencia delictiva.
Para ello, se trabajan aspectos como la toma de decisiones, la gestión de la culpa, la responsabilidad personal, el impacto de las propias acciones y la construcción de alternativas de vida alejadas del consumo y de la ilegalidad.
Durante el congreso, la experiencia despertó el interés de profesionales del ámbito de las drogodependencias, la intervención social y el entorno penitenciario, precisamente por su capacidad para conectar prevención, tratamiento y reinserción desde una metodología participativa y vivencial.
Cómo funciona “Un espejo, dos reflejos”
La intervención se estructura en cuatro sesiones grupales, de tres horas cada una, con frecuencia quincenal. En cada edición participan personas internas del programa RESCOM del Centro Penitenciario Lledoners y personas usuarias de la Comunidad Terapéutica Can Coll.
La primera sesión se celebra en el centro penitenciario y las siguientes tienen lugar en las instalaciones de Can Coll, en un entorno natural que favorece la conversación, la apertura emocional y la reflexión compartida.
La metodología se basa en el encuentro, la escucha activa y el aprendizaje mutuo. No se trata únicamente de hablar sobre drogas, delito o consumo, sino de mirar las consecuencias desde distintos lugares y reconocer los puntos comunes que existen en ambas trayectorias.
Historias distintas, aprendizajes compartidos
A lo largo de las ediciones realizadas, el proyecto ha mostrado que ambos colectivos comparten más elementos de los que inicialmente imaginan. Entre ellos, dificultades en la toma de decisiones, tendencia a desplazar responsabilidades, falta de conciencia inicial sobre el daño causado y experiencias de sufrimiento asociadas a las drogas.
Los testimonios recogidos reflejan cambios importantes en la forma de entender la propia historia y la de las demás personas. Para algunas personas internas, el programa ha supuesto tomar conciencia del impacto real del tráfico de drogas. Para algunas personas en tratamiento, ha permitido mirar a las personas privadas de libertad desde una perspectiva menos estereotipada.
En ambos casos, aparecen motivaciones comunes: recuperar la salud, reconstruir vínculos familiares, dejar atrás la droga y encontrar un proyecto de vida más estable.
“La droga destruye desde cualquier lado del espejo”
La frase “La droga destruye desde cualquier lado del espejo” resume el sentido profundo de esta experiencia. El proyecto muestra que las consecuencias de las drogas no se limitan a una sola posición o trayectoria, sino que afectan a todas las personas implicadas, sus familias y sus comunidades.
Más allá de las diferencias entre consumo, tráfico, tratamiento o prisión, la iniciativa pone el foco en la posibilidad de cambio. Desde la empatía, la responsabilidad y el acompañamiento profesional, es posible generar nuevas lecturas de la propia historia y avanzar hacia procesos de recuperación más sólidos.
Con la continuidad de “Un espejo, dos reflejos”, la Fundación Salud y Comunidad reafirma su compromiso con la prevención de recaídas, la reducción de la reincidencia y la promoción de itinerarios reales de reinserción social para personas vinculadas al consumo problemático de drogas y al ámbito penitenciario.
